El índice de precios al consumidor aumentó 0,34% en abril, una cifra menor a lo que nos acostumbramos a ver en los primeros meses de año y por debajo de lo que eran las proyecciones de los analistas.
¿Nos debemos dejar de preocupar por la inflación?
Creo que no. El registro de abril es muy particular porque tuvo una importante incidencia a la baja de algunos alimentos cuya variación es muy volátil, como frutas y verduras. También la carne. Todos estos rubros (de importante incidencia en la canasta y por tanto influyentes en la evolución del IPC) registraron caídas en abril.
De hecho, de acuerdo a estimaciones propias, la inflación subyacente (que justamente excluye este tipo de precios y otros) fue de 0,7%.
Por tanto, preocupa la inflación. ¿Y se viene aparentemente, o se discute una nueva suba de combustibles?
Incluso, apuntando a tu pregunta, y pasando a datos de variación de precios en 12 meses, vemos que la inflación 12 meses en abril alcanzó al 8,4%, algo más que un mes atrás.
Y lejos del rango meta de las autoridades…
Que hoy está entre 3% y 7%, persiguiendo una inflación objetivo de 5%. Es decir, el margen de tolerancia es de dos puntos porcentuales a partir de esa cifra de 5%.
A partir de junio ese margen de tolerancia se achica a un punto porcentual.
¿Es decir que a partir de junio los objetivos respecto a la inflación es ubicarla entre 4% y 6%?
Sí. En ese sentido es que te decía que la inflación no deja de ser un problema. En primer lugar, porque cada vez que comienza a aproximarse hacia el 10%, la inflación preocupa. Y en ese sentido es un buen dato que exista esa preocupación, pues nos muestra cómo una sociedad y una economía aversa a la inflación.
En segundo lugar, es problema porque alejada del objetivo puntual de 5% y alejada incluso del límite superior tolerado, no permite desarrollar este diseño anti-inflacionario de anunciar un objetivo y cumplirlo. En la medida que ese objetivo se cumple, los agentes creen en esos anuncios y ese mismo anuncio es el ancla de los precios. Vamos en camino hacia eso.
Pero recorrer ese camino implica tomar medidas…
Implica primero un diagnóstico, y luego aplicar los “remedios” para resolver el problema.
El diagnóstico está claro y relativamente consensuado: un shock externo de precios mas una presión doméstica de demanda interna. Quizás en esta última es donde hay matices respecto a la incidencia de la suba de salarios (por encima de la suba de la productividad y además su traspaso a precios). Es claro que hay sectores que es difícil que sostengan aumentos de productividad a la par con los aumentos de salarios. Lo que requiere de mayor aproximación es saber qué sectores son.
Es claro también que hay un empuje desde la demanda privada que ha crecido mucho.
Hasta ahí el diagnostico, y a eso sigue aplicar las medidas.
Las medidas se han adoptado. La política monetaria está en ese camino. Se ha subido 100 puntos básicos la tasa de política monetaria. Es esperable que esta trayectoria de esta tasa continúe a lo largo de los próximos meses. Es posible también que se eleven los encajes.
La mochila la carga la política monetaria, y con esto se afectan los precios vía los canales más directos en nuestra economía, el dólar y las expectativas. El canal del crédito es algo más discutible en una economía dolarizada, pero en cualquier caso podría resultar efectivo en algunos segmentos de crédito que estén muy pesificados.
¿Y el resto de las políticas? Como decías, se dice que los salarios explican parte de la inflación, y que el gasto público hace otro tanto…
Ante esto, el resto de las políticas debería acompañar. La política salarial decíamos que tiene su rol, con las dificultades de administrar procesos (en este caso, el vinculado a la política de ingresos) que transcurren a la par del problema inflacionario.
Respecto a la política fiscal, si bien se le puede exigir algunos ajustes en el margen, no creemos que deba cargar la mochila para combatir la inflación. La política fiscal tiene otros cometidos. No debe jugar en contra, y no creemos que esté jugando en contra de la inflación.
Y como si fuera poco, tenemos un precio del petróleo que plantea nuevas subas de combustibles…
Todo lo que hace a subas puntuales de precios requiere instrumentos particulares. En el caso del petróleo es difícil encontrar los instrumentos. Otro caso es el de frutas y verduras: si existe una insuficiencia de oferta, esto se traslada rápidamente a los precios. La acción ahí es tender a facilitar la importación –en la medida que sea atractiva- para completar la oferta y no presionar sobre esos precios.